Clásico · Halloween
La máscara de la Muerte Roja
Adaptación abreviada en español redactada para el portal a partir del original inglés de dominio público. No es una traducción íntegra.
Siete salones, una fiesta detrás de puertas soldadas y un visitante al que nadie invitó.
La Muerte Roja devastaba el país. Mientras afuera se sucedían las pérdidas, el príncipe Próspero reunió a sus amigos en una abadía fortificada. Había provisiones, músicos y vino. Las puertas se cerraron de tal manera que nadie pudiera entrar ni salir. El príncipe creyó que podía separar su alegría de todo lo que ocurría más allá de los muros.
Meses después organizó un baile de máscaras. La fiesta ocupaba siete habitaciones, cada una iluminada por un color diferente. Los invitados cruzaban de una a otra como si recorrieran un sueño. La última era negra, con ventanas rojas. Casi nadie quería permanecer allí: una luz inquietante alteraba las caras y las ropas de quienes entraban.
En esa habitación había un gran reloj de ébano. Cada vez que anunciaba una hora, su voz profunda interrumpía la música. Los bailarines se detenían; incluso los más despreocupados parecían escuchar algo que no deseaban recordar. Después se reían de su propio sobresalto y la orquesta volvía a tocar.
A medianoche las campanadas duraron más. Cuando terminaron, varios invitados advirtieron la presencia de una figura desconocida. Llevaba ropas que imitaban una mortaja y una máscara con aspecto de cadáver. Su disfraz evocaba precisamente la enfermedad que todos habían intentado dejar afuera.
El príncipe se enfureció. Ordenó que lo detuvieran, pero nadie quiso acercarse. El visitante caminó despacio por los salones y los invitados se apartaron. Próspero tomó una daga y lo siguió. La persecución atravesó los colores de la fiesta hasta llegar a la habitación negra.
Allí la figura se volvió. Se oyó un grito y el príncipe cayó. Los demás reunieron valor para sujetar al visitante. Tiraron de su máscara y de sus ropas. No encontraron un rostro ni un cuerpo que pudiera explicar aquella presencia. La forma que habían perseguido estaba vacía.
Comprendieron entonces que la Muerte Roja había entrado. Uno tras otro, los invitados se desplomaron entre la decoración y los disfraces. El reloj dejó de sonar con la última vida de la sala y las luces se apagaron. La fiesta no había detenido el tiempo; solo había levantado paredes para fingir que no lo escuchaba.
En esta lectura abreviada conservamos el recorrido por los siete salones, las interrupciones del reloj y el desenlace del cuento de Poe. El texto completo en inglés está enlazado al final para quien quiera recorrer su prosa original.
Fuente tomada de: Project Gutenberg · The Works of Edgar Allan Poe, Volume 2