Leyenda · Leyendas argentinas
El Futre
Una valija espera al costado de las vías. Su dueño todavía no terminó el viaje.
El Gobierno de Mendoza reconoce al Futre como una figura legendaria descabezada de sus montañas. El cuento que sigue es una recreación original del portal, con personajes y episodios ficticios.
El refugio tenía una ventana que daba a las vías abandonadas. Bruno la cerraba antes de dormir: el viento traía un golpeteo metálico desde el puente. La tercera noche, el ruido cambió. Ahora sonaba como las ruedas de una valija sobre los durmientes.
Miró entre las cortinas. Un hombre de abrigo oscuro esperaba bajo la luna. Sostenía una pequeña maleta y parecía observar la montaña. Bruno tardó en comprender lo que no encajaba: por encima del cuello del abrigo solo estaba el paisaje. La nieve de la cumbre seguía visible, sin ninguna cabeza que la tapara.
La figura levantó un brazo y señaló la ventana. Bruno retrocedió. Alguien llamó a la puerta del refugio con tres golpes lentos. No pudo haber llegado tan rápido desde el puente. Del otro lado una voz preguntó si el tren ya había pasado.
No contestó. El picaporte permaneció quieto, pero la valija comenzó a rodar por el pasillo. Bruno la oyó detenerse frente a cada habitación, siempre un momento, hasta quedar junto a la suya. La voz repitió la pregunta. Esta vez venía de abajo, como si alguien hablara con la boca pegada al suelo.
Cuando amaneció, el pasillo estaba vacío. Sobre las vías encontraron una maleta antigua, cerrada y cubierta de polvo. Bruno no la abrió. Solo miró la etiqueta: tenía el número de su habitación y una fecha que todavía no había llegado. Al caer la tarde pidió que lo cambiaran de cuarto. Esa noche las ruedas se detuvieron frente a la puerta nueva.
Fuente tomada de: Gobierno de Mendoza · referencia cultural al Futre