Leyenda · Leyendas argentinas
La Salamanca
En la cueva alguien toca la canción que todavía no terminaste de escribir.
La Secretaría de Cultura describe versiones de la Salamanca como una cueva donde se pacta un don con Mandinga y señala que la leyenda cambia según la región. Nuestro relato desarrolla ese motivo con una historia original.
Elías llevaba años intentando terminar una canción. Siempre llegaba a la misma nota y se quedaba sin melodía. La primera vez que escuchó lo que faltaba fue una noche de verano, cerca del arroyo seco. El sonido salía de una grieta entre las piedras. Era su canción, completa.
Siguió la música hasta una entrada iluminada por un resplandor naranja. Había una guitarra junto al umbral. Al levantarla, sintió la madera tibia. Del fondo de la cueva llegó una voz amable: no tenía que entrar si no quería; bastaba con tocar una sola vez.
Elías apoyó los dedos sobre las cuerdas. La melodía salió sin esfuerzo, con notas que nunca había aprendido. Detrás de la primera piedra aparecieron otras luces. Parecían las de una fiesta distante. Alguien aplaudió antes de que terminara. Después aplaudieron muchos, aunque no consiguió distinguir una cara.
Dejó la guitarra en el suelo y retrocedió. La voz le preguntó qué estaba dispuesto a entregar por esa música. Elías respondió que nada. El aplauso se cortó de golpe. Al salir, vio su sombra quieta en la pared de la entrada. Él seguía caminando. La sombra, no.
Volvió a su casa con el amanecer. Intentó contar lo ocurrido, pero no recordó ninguna palabra. Tampoco la canción. Desde esa noche deja una lámpara encendida junto a la cama. Cuando la apaga, oye una guitarra en el cuarto contiguo. Y alguien aplaude una sola vez.
Fuente tomada de: Secretaría de Cultura · variantes de La Salamanca