Leyenda · Leyendas argentinas
El Ucumar
Arriba del sendero hay una silueta demasiado grande. Cada paso tuyo recibe una respuesta.
El Gobierno de Salta presenta al Ucumar como una figura del norte argentino, mitad oso y mitad hombre. Esta recreación toma ese motivo folclórico y construye una escena nueva; no adapta la novela gráfica mencionada en la fuente.
Marina había subido para fotografiar la niebla. Conocía el sendero y sabía que la curva del mirador quedaba detrás de la próxima piedra. Pero la curva no apareció. En su lugar encontró un tronco caído que no recordaba y, sobre el musgo, la marca de una mano enorme.
Levantó la cámara. Algo se movió en la ladera opuesta. Primero pareció un oso; después se enderezó, demasiado alto entre los árboles. La niebla dejó visible una espalda oscura y dos brazos que llegaban casi al suelo. Marina bajó la cámara antes de disparar.
Empezó a regresar. Cada piedra que pisaba producía otro crujido, más arriba, en la misma dirección. Se detuvo. El sonido también. Dio tres pasos. Recibió tres respuestas. No era un eco: el último golpe llegaba siempre un segundo antes de que su pie tocara el sendero.
Alcanzó el arroyo y se agachó para recuperar el aire. Del otro lado, una rama se dobló lentamente. La figura se inclinaba igual que ella. Marina dejó la cámara sobre una roca y siguió bajando sin recogerla. Durante el resto del camino no escuchó ningún paso detrás.
Dos días después encontraron la cámara al comienzo del sendero. La tarjeta guardaba una única fotografía nueva. Mostraba a Marina de espaldas, junto al arroyo. La imagen había sido tomada desde muy arriba, entre dos árboles. En el borde inferior se veían unos dedos oscuros, apoyados sobre la roca donde ella había dejado la cámara.
Fuente tomada de: Gobierno de Salta · La leyenda del Ucumar